Colombia es un país con actividad sísmica frecuente debido a la interacción de diferentes placas tectónicas. Los sismos pueden ocurrir sin previo aviso y, aunque actualmente no es posible predecir exactamente cuándo sucederán, sí podemos prepararnos para responder de manera adecuada.
Cuando ocurre un sismo, el miedo, la confusión y el impulso de salir corriendo son reacciones humanas. Por eso, la preparación no consiste solo en tener un botiquín o conocer una ruta de evacuación: también implica identificar riesgos, practicar y saber cómo mantener la calma para tomar decisiones seguras.
La preparación aplica en casa, en el trabajo, en establecimientos comerciales, instituciones educativas, durante un viaje o en cualquier espacio que compartamos con otras personas.
Antes del sismo: prepararse para protegerse
La mejor respuesta ante un sismo comienza antes de sentir el primer movimiento.
Identifica los lugares más seguros. Reconoce las zonas que ofrecen mayor protección y aléjate de ventanas, vidrios, estanterías, objetos pesados y elementos que puedan caer. Conoce las salidas, rutas de evacuación y puntos de encuentro.
Reduce los riesgos. Asegura estanterías, televisores, muebles altos y otros objetos que puedan caer. Mantén despejadas las zonas de circulación.
Prepara un kit de emergencia. Incluye agua, alimentos no perecederos, linterna, radio y baterías, botiquín, silbato, elementos de higiene y documentos o contactos importantes. Puedes adaptarlo a las necesidades de tu familia o grupo.
Practica antes de que sea necesario. Los simulacros ayudan a convertir una respuesta teórica en una reacción más natural y permiten resolver preguntas como: ¿por dónde salgo?, ¿dónde está el punto de encuentro?, ¿quién puede necesitar ayuda?
Durante el sismo: mantener la calma y actuar con seguridad
Cuando comienza un sismo, sentir miedo es normal. El objetivo es evitar que esa emoción nos lleve a tomar decisiones impulsivas. Mientras el suelo está temblando, no corras hacia las salidas.
Agáchate, cúbrete y agárrate
- Agáchate para evitar perder el equilibrio.
- Cubre tu cabeza y cuello, preferiblemente debajo de una estructura resistente si está disponible.
- Agárrate y permanece protegido hasta que el movimiento termine.
- Aléjate de ventanas, espejos, vidrios, estanterías y otros objetos que puedan caer o romperse.
- No uses ascensores durante la emergencia. Si estás dentro de uno cuando comienza el movimiento, sigue los protocolos de emergencia del edificio cuando sea posible y, una vez fuera, busca un lugar seguro.
Piensa también en quienes están contigo
La seguridad no depende únicamente de nuestras propias acciones. Un niño, una persona mayor, alguien con movilidad reducida o una persona que esté atravesando un momento de pánico puede necesitar apoyo adicional. La preparación también significa saber quién podría necesitar ayuda y cómo brindarla sin ponernos en riesgo.
Después del sismo: evaluar, ayudar y evitar nuevos riesgos
Que el movimiento haya terminado no significa necesariamente que la emergencia haya terminado. Pueden presentarse réplicas, daños en edificaciones, desprendimientos, incendios, fugas de gas o cables expuestos.
Observa el entorno antes de desplazarte. Si hay daños visibles, humo, fuego, olor a gas, cables expuestos u otros peligros, aléjate y sigue las instrucciones de las autoridades.
No ingreses a una estructura que pueda estar comprometida ni intentes realizar por tu cuenta una evaluación técnica. La seguridad de una edificación afectada debe ser determinada por personal competente y las autoridades correspondientes.
Si es necesario evacuar, utiliza las rutas establecidas y dirígete al punto de encuentro. No regreses por objetos personales hasta que sea seguro hacerlo.
Mantente atento a las réplicas y a las recomendaciones oficiales. Una estructura que parece estar en pie no necesariamente está en condiciones seguras.
Información confiable también es seguridad
Después de un sismo suelen circular cadenas, audios y publicaciones que anuncian supuestos terremotos futuros o entregan recomendaciones sin respaldo. Antes de compartir información, verifica que provenga de fuentes oficiales y confiables.
El factor humano: prepararnos también es emocional
Hablar de seguridad sísmica no debería reducirse a edificios, protocolos y equipos. Detrás de cada emergencia hay personas. Una puede quedarse paralizada; otra puede reaccionar impulsivamente; alguien más puede concentrarse en buscar a sus hijos, familiares, compañeros o personas que necesitan ayuda. Estas reacciones son humanas.
Por eso, la preparación también debe incluir el componente emocional. Conocer previamente los procedimientos, practicar mediante simulacros y conversar sobre posibles escenarios ayuda a disminuir la incertidumbre y facilita respuestas más seguras.
Después de un evento sísmico, algunas personas pueden experimentar miedo, ansiedad, dificultad para concentrarse o preocupación por sus familiares. La atención a las personas no termina cuando deja de moverse el suelo.
La seguridad empieza antes de la emergencia
Un sismo no puede evitarse ni predecirse con exactitud. Lo que sí podemos hacer es reducir nuestra vulnerabilidad y prepararnos para responder mejor. Conocer los lugares seguros, asegurar objetos, preparar un kit, practicar una evacuación y saber dónde encontrar información confiable son acciones sencillas que pueden marcar una diferencia.
En el hogar, en el trabajo, en una institución educativa o en cualquier espacio que compartamos con otras personas, la seguridad es una responsabilidad colectiva.
En Securitas, entendemos que la gestión de emergencias va más allá de establecer protocolos. Se trata de preparar a las personas, identificar riesgos y fortalecer la capacidad de respuesta para actuar cuando más se necesita.
Porque ante una emergencia, la tecnología, los protocolos y los recursos son importantes, pero son las personas quienes toman las decisiones que hacen posible una respuesta segura.